Desde hace unos días, estoy en busca de un tornillito de las
siguientes características.
Lo describo, porque no sé cómo se llama técnicamente.
Es como un tornillito para madera, y en lugar de cabeza de
tornillo, tiene un doblez en forma de aro, para que una vez atornillado en la
madera quede a la vista únicamente el aro.
Luego de atornillado, en el arito se colgará a modo de
adorno, esa campanita de lata cachuza que me regaló un día un aficionado a la
pesca explicándome que se utiliza para pescar con caña y funciona de la
siguiente manera: se arroja el sedal con su anzuelo y plomada; se clava la caña
en la arena de la playa donde se esté practicando este deporte (pescar, no
clavar cañas en la arena) y esperar tomándose una birra despatarrado y pensando
en cualquier cosa que el pescador pensar quiera.
Cuando un pez muerde el anzuelo, se lleva un cagázo bárbaro
por la sorpresa y entonces raja para el otro lado (el pez).
Es aquí donde la
magia de la técnica se desarrolla en todo su esplendor. El pescado tira… la
campanita suena… y el vago salta. Lo demás no lo pienso describir porque sería
tedioso enumerar las posibilidades de lo que
pudiera enganchar el anzuelo, aunque sí diré que me han contado
anécdotas de todo tipo.
Bueno, el tema es que el valor en la ferretería de ese
tornillo, es despreciable y ante el bochorno de andar describiendo el
tornillito, explicar sucintamente para que lo voy a utilizar etc., seguramente
el señor ferretero una vez atrapada la idea, me va a preguntar ¿Cuántos quiere?
Y una de dos: o le pido una unidad y pregunto ¿Cuánto es?... y ahí está la
situación tan temida.
No quiero que el pobre ferretero tenga malos pensamientos
tales como: viejo miserable y la p… que te p…, ¡como mierda junto la guita para
pagar el alquiler de esta ferretería de mierda que me tiene podrido junto con
todos los clientes de mierda de este barrio de mierda y porque mierda no le
hice caso a mi vieja cuando me decía que estudiara! etc. etc.
Yo soy un tipo comprensivo y pudoroso, de los que no
abundan. Me gusta tomar todos los recaudos para no pasar y hacerles pasar malos
ratos a nadie. Una vez vi una película de Darín que era ferretero y sacó a las
puteadas de la ferretería a un señor de parecidas características a las mías, y
medio que prefiero evitar situaciones como esa.
La otra posibilidad sería la de comprar diez tornillitos de madera con un
arito en la punta como el descripto ud supra, y guardar nueve para ocasiones
similares posteriores (lo que sería un gasto innecesario y mi situación
económica actual no me lo permite).
La opción de cirujear en su búsqueda, es
decir: fijarme por la calle a ver si encuentro alguno de casualidad,( porque no
hay tampoco necesidad de que ese tornillito con argolla sea necesariamente
nuevo para colgar una campanita de pescador que no vale un carajo y que la
hubiera tirado a la mierda instantes después de habérseme sido obsequiada por
ese pescador vago y borracho que me la encajó y me hace pensar en tantas
pelotudeces), sigue vigente, aunque estoy medio desalentado, sobre todo porque
mi visión carece ya de la posibilidad de distinguir ese famoso tornillito de
cualquier cosa chiquitita plateada u oxidada que aparece en mi camino y ya
estoy medio podrido de andar agachándome disimuladamente por la calle,
fracasando…fracasando.
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