jueves, 8 de julio de 2021

Las sirenas del patio

 

Tan solo cuatro baldosas.

El mediocre arquitecto que habita adentro mío, finalmente se ha salido con la suya.

Utilizó su astucia para doblegar mi voluntad, combinando para ello las artes de su profesión con artilugios propios de un mercader.

Debo reconocerle que habiendo agregado dos habitaciones a la casa, ésta, ha valorizado sustancialmente su cotización tal como había vaticinado. Es por ello que mi monedero le gradece, mas no así mi corazón.

Hoy, desde la terraza, observo el minúsculo rectángulo al que ha quedado reducido el que fuera, en mejores tiempos, el hermoso patio de la casa donde transcurrió mi niñez y veo, desalentado que, de aquella llanura tapizada de artísticos mosaicos calcáreos, sólo se han preservado, por cuestiones meramente decorativas, cuatro baldosas.  

Si bien el proyecto de resignar parte del patio y ceder ese espacio a las nuevas habitaciones, me pareció ser en principio, razonable; me hubiera valido tener en cuenta que a las ideas, como a las peras hay que dejarlas madurar …o avenirse a las consecuencias.

Debiera haber previsto que, mutilando al viejo patio, estaría dejando sin albergue a los recuerdos que, como duendes, habitaban en los dibujos incaicos de sus baldosas.

Quizá sea este el motivo del porqué estos anden hoy revoloteando en bandada a mi alrededor, desorientados, como en búsqueda de un lugar donde reposar.

Hay momentos en que me incomodan (especialmente cuando se abalanzan sobre mí en forma de torbellino) intentando enjambrar en mi cabeza. Ahí, es cuando, utilizo hasta el más innoble de mis recursos para espantarlos, pues se comportan como una plaga.

Hay otros, en que de manera disciplinada se alternan para posarse sobre mis hombros, cerca de mi oído para susurrarme su historia, sin causarme desasosiego alguno, y los tolero.

Pero tolerancia y confianza - aunque rimen- no son lo mismo. Solo confío en mi ángel de la guarda.

 Sin ir más lejos, mientras observo desde la terraza a esas cuatro baldosas rescatadas del cataclismo, uno de estos bichos aparentemente solidarios intenta ganarse mi confianza al chismorrearme …

Una tarde de verano, lejana en el tiempo, en esta misma terraza; alguien muy querido por ti, con la intención de quitarte lo ignorante, dedicó largo rato a relatarte las travesías de un tal Ulises...”

¡Ahí descubro su picardía!

Porque, desde el baúl de los recuerdos, se fuga el grito de aquel poeta reo, mi ángel, que no dejaba cuento sin moraleja.

    - ¡No seas gil! ...Las baldosas del patio son como las sirenas de Ulises; te chamuyan para joderte. Tapate las orejas y rajá para otro lado”

Y al instante; aborto la zambullida y, pianto de la chifladura.                                            

 

 

 

 

 

 

 

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