jueves, 2 de septiembre de 2021

Como una máquina del tiempo.

 

Por el sendero alquitranado del parque, a bordo de su triciclo, pedaleando y moviendo el cuerpito al compás de sus sueños, …raudamente, va mi niño.

  ¿Imaginará ser el comandante de una nave interestelar? ¿Un explorador en plena selva?
¿Tal vez sea yo, su papá el héroe sus fantasías?
A prudente distancia le sigo yo, su improbable héroe. Imaginando ser él.
 Soñando todos sus sueños.
  Pedaleo en mi triciclo imaginario, marcha atrás cuarenta años en un segundo, y veo sentado, justo donde estaba yo hasta hace un momento, a un señor parecido a mí, cuando era grande, que me mira con mis ojos, con mi mirada, igual a como yo miro ahora a mi niño. —Papá… ¡cuánto te extraño!

 ¡Mirá las piruetas que hago! ¡Mirá que rápido que ando! —le digo, y él me sonríe con ojos que insinúan algunas lagrimitas.
  Igualito a mí, pienso. Igual a mí cuando mi niño me dedica sus piruetas. ¡Cuánto necesita ese hombre de mí! ¡Y cuánto necesito de él! Y ninguno de los dos lo podemos ocultar.
  ¿Pensará lo mismo mi niño cuando sus ojos y los míos se encuentran?

 Durante unos minutos doy un paseo de la mano de ese señor que me muestra todas las maravillas del parque, explicándomelas con un tono misterioso en su voz, (con el tono que ponen los papás para que uno imagine cocodrilos en el estanque, o para que cualquier pluma encontrada sea de un ave exótica que tal vez pudiera aparecer en este mismo momento a reclamarla).

  ¡Me lleva un ratito a babuchas y me siento un gigante! De pronto, desde las alturas, veo la desorientada carita de mi niño, que me busca anhelante. Busca su seguridad, y cuando le hago una seña con mis brazos, la encuentra. Viene volando hacia mí y me abraza; derritiéndome.

 —Papi, el triciclo te lleva a donde vos quieras. ¡es bárbaro! ¿Sabías?

Busco con la mirada a papá, y aunque ya no lo veo… imagino sus ojos que me miran a través de unas lagrimitas, igualitas a éstas. —Sí, hijito, lo sé.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario