Era muy temprano cuando un diluvio de volantes, arrojados tal vez desde
una avioneta tapizó de blanco las calles y los tejados del caserío. De haber
existido en este pueblo de perezosos algún madrugador, seguramente hubiera
confundido al panorama que se presentaba ante sus ojos, con los rastros de una
nevada.
Rato después, el
viento matinal se encargó de borrar ese espejismo del cual nunca nadie pudo dar
testimonio, pues todos durmieron hasta poco antes del mediodía. Fue recién en
ese momento cuando, quizá por prevención, el único gallo que permanecía aún con
vida en el poblado, se animó a cantar.
Avanzada ya la
tarde, cada uno de los vecinos tuvo en su poder varios de esos volantes cuyo
texto no se recuerda con exactitud. Ni siquiera en el museo del pueblo, donde
se preservan algunos originales, se logra hallar precisión de ello, en razón
del deterioro que presentan. Solo una vaga trasmisión oral de lo sucedido, que
es diferente de acuerdo a quien lo relate, nos queda para explicar cómo este
pueblo, alguna vez rebosante de prosperidad, presenta hoy tal estado de
decadencia.
—Algunos dicen que se trataba de
una propaganda política, otros, que era una especie de teoría conspiratoria y
muchos, la verdad... no le dieron bolilla y siguieron como si nada, jugando con
sus jueguitos —me dijo don Bagual.
—Por mi parte, elijo relatar una mezcla de las
tantas versiones que me han llegado, no por ser la más creíble, sino por simple
preferencia. Cuestión de gustos… como ocurre con la música o los postres.
- Resulta, que lo de
los papelitos era un mensaje proveniente del futuro, que tal vez, debido a un
error de cálculo, llegó a destiempo… eso es lo que supongo, porque contenía una
advertencia sobre algo que iba a pasar, cuando en realidad, ello ya había
sucedido.
- Nos daba charla sobre la modernidad,
asumiendo que ésta aún no habría echado pie en estos parajes y nos anoticiaba
que en cuanto ella llegara iba a intentar como todo conquistador, cautivarnos
con sus espejitos de colores, y que en verdad, no estaría nada mal disfrutar de
sus beneficios. Pero... ¡stiamo atentti! (como dicen los tanos), pues a cambio
de dichos beneficios, deberíamos estar dispuestos a afrontar algunos costos,
porque muy pocas cosas son gratis, ¿sabe?, y gozar de la modernidad, no es una
de ellas.
- También nos advertía de muchas
otras cosas, carentes de relevancia a esas alturas, porque ya era tarde y
habían ocurrido.
Fue como leer un diario viejo o una profecía
ya cumplida, más que una advertencia. ¡Todo por culpa de un desfasaje en el
tiempo...! Todo, porque algún chambón del futuro, hizo un mal cálculo o apretó
un botón equivocado nos llegó tarde el aviso, porque ya habíamos reemplazado
nuestras viejas costumbres, por otras. Nuestra educación, buenas maneras,
respeto, amistad genuina… ¿En dónde están?, ¿adónde se han ido? (como dice el
tango)... Al olvido. Junto con la siesta, la contemplación de los atardeceres,
el juego de naipes con amigos y tantas otras cosas. Pero discúlpeme, que... un
poco por la pena y otro poco por no aburrirle, preferiría no continuar con esta
retahila. Al fin de cuentas, poco podemos hacer. Sólo armarnos de paciencia. Si
hasta moler a palos a los gallos madrugadores parece que se ha hecho costumbre
en este pueblo de abombados.
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