miércoles, 18 de agosto de 2021

Aquel chambón del futuro

 

   Era muy temprano cuando un diluvio de volantes, arrojados tal vez desde una avioneta tapizó de blanco las calles y los tejados del caserío. De haber existido en este pueblo de perezosos algún madrugador, seguramente hubiera confundido al panorama que se presentaba ante sus ojos, con los rastros de una nevada.

  Rato después, el viento matinal se encargó de borrar ese espejismo del cual nunca nadie pudo dar testimonio, pues todos durmieron hasta poco antes del mediodía. Fue recién en ese momento cuando, quizá por prevención, el único gallo que permanecía aún con vida en el poblado, se animó a cantar.

  Avanzada ya la tarde, cada uno de los vecinos tuvo en su poder varios de esos volantes cuyo texto no se recuerda con exactitud. Ni siquiera en el museo del pueblo, donde se preservan algunos originales, se logra hallar precisión de ello, en razón del deterioro que presentan. Solo una vaga trasmisión oral de lo sucedido, que es diferente de acuerdo a quien lo relate, nos queda para explicar cómo este pueblo, alguna vez rebosante de prosperidad, presenta hoy tal estado de decadencia.

—Algunos dicen que se trataba de una propaganda política, otros, que era una especie de teoría conspiratoria y muchos, la verdad... no le dieron bolilla y siguieron como si nada, jugando con sus jueguitos —me dijo don Bagual.

 —Por mi parte, elijo relatar una mezcla de las tantas versiones que me han llegado, no por ser la más creíble, sino por simple preferencia. Cuestión de gustos… como ocurre con la música o los postres.

  - Resulta, que lo de los papelitos era un mensaje proveniente del futuro, que tal vez, debido a un error de cálculo, llegó a destiempo… eso es lo que supongo, porque contenía una advertencia sobre algo que iba a pasar, cuando en realidad, ello ya había sucedido.

 - Nos daba charla sobre la modernidad, asumiendo que ésta aún no habría echado pie en estos parajes y nos anoticiaba que en cuanto ella llegara iba a intentar como todo conquistador, cautivarnos con sus espejitos de colores, y que en verdad, no estaría nada mal disfrutar de sus beneficios. Pero... ¡stiamo atentti! (como dicen los tanos), pues a cambio de dichos beneficios, deberíamos estar dispuestos a afrontar algunos costos, porque muy pocas cosas son gratis, ¿sabe?, y gozar de la modernidad, no es una de ellas.

- También nos advertía de muchas otras cosas, carentes de relevancia a esas alturas, porque ya era tarde y habían ocurrido.

 Fue como leer un diario viejo o una profecía ya cumplida, más que una advertencia. ¡Todo por culpa de un desfasaje en el tiempo...! Todo, porque algún chambón del futuro, hizo un mal cálculo o apretó un botón equivocado nos llegó tarde el aviso, porque ya habíamos reemplazado nuestras viejas costumbres, por otras. Nuestra educación, buenas maneras, respeto, amistad genuina… ¿En dónde están?, ¿adónde se han ido? (como dice el tango)... Al olvido. Junto con la siesta, la contemplación de los atardeceres, el juego de naipes con amigos y tantas otras cosas. Pero discúlpeme, que... un poco por la pena y otro poco por no aburrirle, preferiría no continuar con esta retahila. Al fin de cuentas, poco podemos hacer. Sólo armarnos de paciencia. Si hasta moler a palos a los gallos madrugadores parece que se ha hecho costumbre en este pueblo de abombados.

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