lunes, 23 de agosto de 2021

El señor Freud y la pareja en el zaguán.

 

Él: —Yo te amo

Ella: —Yo no.
Él: —¿Por qué?
Ella: —Porque no… y además, pienso que no es cierto que me ames.
Él: —¿Entonces, pensás que estoy mintiendo?
Ella: (silencio).
Él: —Contestáme.
Ella: (silencio).
Él: (Evidenciando por vez primera sus plebeyas raíces al hablar en capicúa) —Me estás poniendo nervioso, me estás poniendo.
Ella: (serena) —No creo que mientas. Sencillamente creo que no es a mí a quien ames en realidad…
Él: (interrumpiéndola) —¿Hasta cuándo vas a continuar con este juego?
Ella: (enigmática) —No es ningún juego. Es un fenómeno maravilloso que abre puertas… pensalo de esa manera.
Él: —¿Fenómeno?, ¿puertas?...
Ella: (continuando con el razonamiento) —sí, en el que se produce un desplazamiento y sustitución del sujeto amado.
Él: (atónito) ¡¡¿¿??!!...
Ella: (como un libro abierto) —Digamos también, que hay un error cronológico. Vos reeditás un  vínculo antiguo con otro, y lo vivís como actual y conmigo. Por eso digo que no me amás… amás a otra persona y en otro tiempo.

Él: (demostrando un total desconocimiento de la teoría sicoanalítica) —Flaca, ¡dejáme de joder!… ¡me pongo loco me pongo!… ¡Qué me venís a hablar de puertas! (le toca el cabello). Ella: —Las manos quietitas. (retomando la teoría) …las puertas en el sentido de que cuando éste fenómeno se manifiesta, está señalando la proxi-midad de un conflicto inconsciente; está emergiendo una situación reprimida que por fin podremos analizar.

Él: (acariciándole un hombro) —Reprimida… vos sí que sos una reprimida.
Ella: (canchera)… —Las manitos en el bolsillo. Vos estás repitiendo una situación no elaborada eficazmente. Por eso la repetición, a efectos de elaborarla.
Él: (manifiestamente deslumbrado, mimoso, tal vez caliente) —Mi amor, mirá como estoy. Vení, mamita… elaboremos juntos…
Ella: (con suficiencia, articulando con la teoría) —Edipo… Yocasta… ¿ves?… no soy tu mamita. Él: (ignorante total) —¿Vos casta? Más bien te parecés a mi tía Emilse, por lo brígida, digo.
Ella: (contra transfiriendo) —Y vos a mi tío Cholo, por lo baboso y calentón.

 

—Tomá pibe. —me dijo él. No dudé ni un instante; agarré las chirolas e hice mutis por el foro. La puerta del zaguán de la casa de Rita se cerró, y ya no pude escuchar más de lo que se decía con el Rubén, pero, aun pude ver a través de la opacidad del vidrio de la puerta cancel cómo dos siluetas, arrimándose a la pared, se transformaban en una sola.

 Al amparo de la oscuridad, los novios elaboraban la teoría (supuse en aquel momento) mientras me alejaba… contando mis monedas.

¿Qué fue de ellos?… Rubén puso una verdulería. Rita, abandonó sus estudios de psicología. Ella empezó a llamarlo “papi” a él. Él continuó llamándola “mami”. Se casaron y, creo, son felices. Recuerdo que para la fiesta de casamiento de ellos estrené mis primeros pantalones largos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario