martes, 24 de agosto de 2021

Que hacer con un olmo viejo

 

—Iba yo paseando por la orilla del Duero, cuando vi a varias personas escudriñando un árbol, o mejor dicho, lo que quedaba en pie de él luego de haber sido alcanzado por un rayo tiempo atrás.

    Atrevido cómo era en aquel entonces, me acerqué al grupo y desde una distancia prudencial, pude observar a esa gente, y escuchar de paso lo que entre ellos se decían.

   Sin necesitar ser muy perspicaz, pude deducir que se trataban de un cura (porque llevaba sotana), de un leñador (por el hacha que portaba más que por la robustez de sus brazos), y a un carpintero (por los enseres que llevan los carpinteros, a saber: tenaza, martillo, un metro, y papel para garabatear con lápiz rústico sus torpes diseños).

  Un poco alejado del grupete, se hallaba también un mozo, que por las ropas que vestía me daba aspecto de notario, o más bien de leguleyo. Luego supe que era Antonio, un chaval con ínfulas de poeta, hijo de don Machado (o Demofilo el folclorista, para más datos).

   Y cerca de ellos, yo,… intentando pasar desapercibido; curioseando y escuchando los proyectos y cavilaciones de esa gente.

 —Vi cómo el leñador derribaba el árbol y transformaba en leña sus ramas, para luego, como si de una res se tratase, destazar su tronco y ofrecer los mejores cortes a sus clientes preferidos. —Desde acá y hasta acá —dijo el carpintero, a la par que señalaba—, sale la melena de su campana, señor cura. Y de este trozo grande me da para hacer el yugo de carreta que me han encargao. Del resto… sale buena leña y algún que otro palo para darles el uso que se desee. Y a usted, poeta —dijo con sarcasmo el carpintero dirigiéndose al chaval—, ¿hay alguna porción que le apetezca?

 —No, gracias —contestó tímidamente el leguleyo sin saber a ciencia cierta si debería darse por aludido. Solo me llevaré el recuerdo del olmo tal como era, y después veré que hago con él.

Y así, … abruptamente, como era su costumbre, terminó el relato mi abuelo a quien siempre me maravilló escuchar, no tanto por lo que decía (pues algunas cosas escapaban a mi comprensión), sino por cómo lo hacía, …ese señor de Castilla.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario