viernes, 27 de agosto de 2021

Un GPS del tiempo de Ñaupa

 

—Mire…, tome el tranvía 55 o el 23 (da igual porque los dos van por Boedo).

 Al cruzar la avenida Garay, váyase preparando y toque la campanilla porque la próxima parada es Salcedo.

 Ahí, mirando para su derecha (por Salcedo), bien al fondo… va a ver la cancha de San Lorenzo. Vaya hacia ella, y recorra esa cuadra cortita que lo separa de la calle Colombres.

 Al cruzar ésta, va a ver que hay un almacén (donde una vez me tuve que comer los mocos por hacerme el cancherito con los pibes que estaban sentados en el mármol del umbral).

 Siga y a mitad de cuadra, por la vereda de enfrente, va a ver la panadería en donde mi vieja compra las facturas los domingos.

 Mientras se acerca a la esquina de Castro Barros, que es la próxima calle, se va a encontrar con que, en una de sus ochavas, hay un barcito con ventanales de esos que se levantan como guillotina.

 Déjese llevar por su curiosidad y podrá espiar (como hago yo), a los habitués de la tardecita, fumando y charlando de fútbol o de carreras de caballos, …y dígame si no le dan ganas de arrimarse al mostrador y apurar una ginebrita o una caña, como a veces hace mi viejo cuando viene del laburo.

 Luego (siempre por Salcedo para el lado de la cancha), verá la librería de Chinchirubano (no me pregunte por qué la llaman así, porque no tengo idea), bueno… ahí yo compro las cosas que me piden en el colegio: cuadernos, las plumas cucharita y cucharón y el papel secante… si no sabe para qué son, después le explico.

 Esa librería la atiende una viejita de modos muy cuidados, que al principio me parecía medio antipática pero que al final… hasta me fía cuando voy sin plata a comprar el papel para hacer barriletes o la goma para fabricarme la gomera. Ah, también le compro el hilo para remontar el barrilete y los cigarrillos sin filtro que fuma mi viejo.

 Bueno… siga un poco más y, va a ver que, por la vereda derecha, nace el pasaje Pereyra que es donde vive mi primo el Higinito que es un ángel de pibe, y mis tíos, don Higinio y doña Rosa y mi otra prima, Marina.

 Cruzando el pasaje, está la casa del chabón con el que una vez me agarré a piñas y tenía fama de pesado, pero bien que arrugó, bajando un montón de puntos a partir de eso. Jamón le llamaban al pibe, la verdad… no sé por qué.

 Por la vereda izquierda, están: la fábrica de escobas, la carnicería y, al llegar a la esquina de Castro, verá cómo están construyendo la casa de Quirini, de dos plantas (demasiado moderna para el barrio).

Al cruzar Castro tiene: el almacén de don Benito; luego de ella, la puerta particular del almacén por donde don Benito atiende los jueves (cuando los almacenes están obligados a cerrar sus puertas por el día del almacenero), luego la casa de doña Pascuala, en donde viven doña Carmen y su hija Leticia; la Pichina y su hijo Eduardito; el vidriero y no me acuerdo quiénes más.

 Luego viene la casa de los gorditos, después el portón de Damiano (don Roque y Doña teresa, Víctor, José, Carola, la Tilde, la Inés, la Lucy y estoy seguro que de alguno más que ahora no me acuerdo… quizá porque estoy viéndolo llegar a usted).

Bueno, desde aquí, va a tener que seguir solo, ya no se puede perder. Vaya hasta la cancha y busque la puerta que está por la calle Inclán, que es la primera a la derecha y va a encontrar al portero, que se llama don Ramón, y es mi tío.

Él lo va a dejar pasar como me deja a mí, para que pueda recorrer las instalaciones del Gasómetro en las tardes en que no hay fútbol y está desierto… cuando está sólo para uno. Bueno… disculpe que lo deje, pero es que recién me llamó mi vieja para que entre a lavarme las rodillas y a tomar la leche. ¡Chau, don!

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