sábado, 21 de agosto de 2021

Desvelado y aburrido

 

Desde hace algún tiempo vengo yo lidiando con un sueño.

 En él, a pesar de mi esfuerzo en gritar pidiendo ayuda - tal vez por falta de ímpetu en mi voz-, solo logro emitir unos gorjeos, casi inaudibles.

 Es como si esas frases que a gritos me empeño en pronunciar, se disgregaran en palabras y éstas a su vez en letras que, cayendo una por una hacia el vacío, rebotaran durante unos segundos al costado de mi cama, produciendo un sonido similar al de unas fichitas cayendo. Este repiqueteo que me quita de la pesadilla, también me mantiene desvelado y aburrido hasta que amanece.

 Según me han dicho, se trata de un sueño recurrente y que no tengo nada qué temer.

 ¿Por qué habría de tener miedo si yo no creo en esas patrañas de que los sueños sean mensajes ni nada por el estilo? Sencillamente, lo que digo, es que no puedo volver a dormirme después de haber soñado, y entonces, me embarga el aburrimiento.

 Para remediar esta situación, he seguido obedientemente las recomendaciones de mis compañeros del internado, incitándome alternativamente a: Beber una copa de vino antes de ir a dormir; colocar una cebolla debajo de mi cama; cambiar la orientación de la misma; contar ovejas (y todas las variedades de animales de granja que me fuera posible imaginar); acostarme en ayunas; etcétera y… nada. Todo lo he intentado, y solo he recibido regaños por ello, debido a las incomodidades que he causado en la institución, según me dicen.

 El médico de aquí no tuvo ocurrencia mejor que darme pastillas, y como de costumbre y sin que él lo sepa, me he negado a tragarlas.

 Para no incomodar a nadie, es que he tomado la decisión de dejar en suspenso todo este barullo y que las cosas se acomoden solas, como frecuentemente sucede.

Quizá otra vez, de la nada, vuelva a aparecer esa joven menudita de guardapolvos azul que alguna vez se sentó al borde de mi cama a escuchar pacientemente mis letanías, y que, con curiosidad, rastreó hasta encontrar una a una, todas las fichitas caídas de mi sueño la noche anterior, dispersas debajo de mi cama. Recuerdo que durante algunas mañanas me acompañó, intentando en ese lío de letras, hallar las incógnitas palabras que suelo balbucear, y se ofreció a gritarlas por mí, en mis sueños, en caso de que fallara mi voz. Me dijeron que la han despedido, pero... quizá las hadas desconozcan las reglas de la burocracia.

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